No siempre cruzar es llegar al otro lado
Se suele  igualar el “conocimiento de sà mismo” con el conocimiento que tiene uno de su “Yo conciente”, creyendo asà que interpretando estos contenidos uno se conoce.
La persona toma como pauta de su propia comprensión, lo que su medio social sabe de él y no su efectiva realidad psÃquica, que generalmente le es desconocida. Ante sÃ, el individuo teje una abundante trama de prejuicios , costumbres , normas morales ,etc., todas suposiciones ilusorias acerca de propiedades presuntamente existentes, que están destinadas a encubrir la realidad de los hechos.
Como en “El retrato de Dorian Grey”, de Oscar Wilde, nos delineamos un personaje al que atribuimos existencia para reemplazar nuestra dolorosa realidad ante la vida, y en esta transferencia perdemos contacto con la posibilidad de conocernos …
Dentro de este ropaje nos colocamos y llevamos adelante los sucesos y procesos que el vivir nos requiere. Suponemos con ello un movimiento, un tránsito hacia nuevas regiones de la psiquis. Cruzamos vastos espacios psÃquicos, pero no conseguimos realmente llegar al otro lado: a la orilla de nuestra verdadera realidad …
No puede existir un conocimiento de nosotros mismos basado en supuestos teóricos o posturas amoldadas a esquemas predeterminados, debido a que el objeto de conocimiento es un individuo , y éste es  una relativa excepción e irregularidad  como SER . Por lo tanto, no es lo general y regular, sino por el contrario lo peculiar lo que nos caracteriza y posibilita el permanente contraste de los claros-oscuros de nuestra mente, dándonos la gran posibilidad de vernos y asà conocernos.
La vasta esfera de lo inconciente se halla al margen de la crÃtica y control de la conciencia, al emerger sus contenidos sin que haya una voluntad represora  de por medio, y nos coloca a merced de la influencia de sus variados cielos simbólicos. Ahora bien, dado que el conocimiento de sà mismo es familiaridad con una realidad individual, es a éste respecto la urgente necesidad de llegar a ese otro lado integrador  de nuestra psiquis, tal como un Parsifal que se desnuda para sumergirse en las aguas en cuyo fondo encontrará el Graal, es decir su propia individualidad.
En la imagen queda claro que no hay esa otra orilla si cada uno como sujetos, no dejamos de sujetarnos, aferrarnos a nuestros esquemas, y no damos paso al momento liberador del “auto-conocimiento”, más allá de lo estructurador ….
Juan José Greco



Deja tu comentario