La vanidad
“El hombre es, la sombra parece. El hombre pone su honor en el mérito propio y es juez supremo de sà mismo; asciende a la dignidad. La sombra pone el suyo en la estimación ajena y renuncia a juzgarse; desciende a la vanidad. Hay una moral del honor y otra de su caricatura: ser o parecer. Cuando un ideal de perfección impulsa a ser mejores, ese culto de los propios méritos consolida en los hombres la dignidad; cuando el afán de parecer arrastra a cualquier abajamiento, el culto de la sombra enciende la vanidad.
Del amor propio nacen las dos: hermanas por su origen, como Abel y CaÃn. Y más enemigas que ellos, irreconciliables. Son formas diversas de amor propio. Siguen caminos divergentes. La una florece sobre el orgullo, celo escrupuloso puesto en el respeto de sà mismo; la otra nace de la soberbia, apetito de culminación ante los demás. El orgullo es una arrogancia originaria por nobles motivos y quiere aquilatar el mérito; la soberbia es una desmedida presunción y busca alargar la sombra.”
José Ingenieros
El hombre Mediocre. Ed. Gradifco.



6 Mayo, 2007 at 12:25
Este texto de José Ingenieros me parece brillante.
El amor propio, o la autoestima como está de moda llamarlo, visto de cerca, diseccionada su polaridad. ¿Desde qué camino parto? ¿Cuál es mi elección? ¿Ser o parecer? O dicho a la manera gestáltica, ¿apoyo externo o autoapoyo?
En el ser humano ambas partes están, a menudo mezcladas y en pugna silenciosa, paralizándonos.
Me parece un buen tema para debate.
12 Mayo, 2007 at 4:30
La hibris o hybris (en griego húbris) es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados. En la Antigua Grecia aludÃa a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo).
Ahora bien, el hombre que comete hibris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino nos asigna. El castigo a la hibris es la némesis, el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los lÃmites que cruzó.
Las consecuencias negativas modernas de las acciones provocadas por la hibris parecen estar asociadas a una falta de conocimiento, interés y estudio de la historia, combinada con un exceso de confianza y una carencia de humildad.
Hibris es a menudo aplicado como término peyorativo en polÃtica. Como la hibris está relacionada con el poder, suele ser usado por personas relacionadas con partidos polÃticos de la oposición contra aquellos que ostentan el poder.
El historiador británico Arnold J. Toynbee, en su voluminoso Estudio de la Historia, utiliza el concepto de hibris para explicar una posible causa del colapso de las civilizaciones, como variante activa de la némesis de la creatividad.
12 Mayo, 2007 at 4:36
En la mitologÃa griega Némesis (llamada Ramnusia, la «diosa de Ramnus» en su santuario de Ramnus) es la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. Es una deidad antigua, por lo que no está sometida a los dictámenes de los olÃmpicos. Castiga sobre todo la desmesura.
HesÃodo nos representa a Aidos y Némesis indignados del espectáculo de la perversidad humana, huyendo de la Tierra, envueltos en velos blancos; de suerte que para él Némesis no es más que una personificación del sentimiento moral, reprobador de toda violencia y de todo exceso.
Fuente: Wikipedia
18 Mayo, 2007 at 10:59
“Ahora bien, el hombre que comete hibris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino nos asigna”…
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Esa lucha con el propio destino, con los propios lÃmites, ese furor desmesurado que a veces logra romper y lanzarse al abismo de lo nuevo (o de lo antiguo), eso para mà es valor, es honor, es realeza y lealtad con uno mismo.
Y es cierto que los intentos de seres humanos de romper lÃmites en cualquier ámbito tienen pocos y costosos resultados, si observamos la historia y las luchas de la humanidad a lo largo de los siglos en ámbitos sociales, espirituales, personales…
Y seguramente por eso, por “el alto precio y el poco resultado” de superar los propios lÃmites, y de mirar la realidad cara a cara, el furor interno se va confundiendo y adormeciendo y se convierte a veces en una parodia. Entonces debemos sustituirlo por un teatro en el que aparentamos que no existe tal derrota, que somos mas o tenemos mas de lo que en realidad somos o tenemos. No hay aceptación, no hay lucha. Hay obstrucción, que con el tiempo ya ni notamos…ni vemos…
Cuando el deseo de romper los lÃmites del propio destino se adormita, se disfraza, se convierte en apariencia de que no existen tales limites, cuando nos convertimos en parodias de nosotros mismos, debemos emplear cierta energÃa para sostener esa mentira, dando esas consecuencias que nombras.
La soberbia, la falta de humildad, el poco interés por estudiar la historia y obtener conocimiento… es la actitud-muro que mantiene la mentira de la fingida evolución y mantiene “a raya”, en sus lÃmites, la insatisfacción, el furor y el deseo de romper esos lÃmites, de “estallar” como a veces sentimos…
El miedo a la muerte y a la locura, al abismo, son grandes océanos difÃciles de atravesar… como en aquella pelÃcula, el show de Truman…
El se atrevió, aunque no fue fácil, a mirar la verdad que intuÃa, a atravesar su miedo… y pudo ver el falso lÃmite…