La simulación | Puentes
puentes

La simulación

en la lucha por la supervivencia

Vía: Juancho

loboEl hombre se enfrenta en su cotidianeidad a procesos constantes de transformación del doble ambiente, el natural y el artificial.

La adaptación de los grupos sociales a estos permanentes cambios, coloca al individuo en el esfuerzo constante de sostener una realidad que conjure el miedo a la existencia; por ello construye un mundo completamente censado y analizado, y luego reestructurado disfrazándolo de realidad concensuada.

Esta alucinación de la verdad abre el mundo de la simulación como lucha por la sobrevivencia.

pericoliTodo se metamorfosea para mantenerse expurgado de la angustia a los cambios, y a la vez de la agonía que los procesos de duelo de las formas caducas que mutan en nuevas, exigen.

Todo ser tiende a perfeccionarse en su adaptación al medio, esta lucha ininterrumpida en la especie humana toma connotaciones particulares, pues el hombre tiene la posibilidad de producir alternativas de subsistencia que amplían los recursos en su constante batallar por la vida.

Si bien estos recursos son de índole variadísima, se pueden agrupar en dos categorías:

* Los con base en el fraude y
* Los fundados en la violencia

Y es en el hombre en que estos llegan a tener el componente intelectual que los proyecta a un amplio espectro de características.


En la lucha entre hombre y hombre, entre sociedad y sociedad, se han perfeccionado estas ilimitadamente mediante la mentira, el fraude, la astucia y la simulación, todas nacidas del tronco común del engaño en abierta oposición a la violencia.

El individuo simula lo que no es, no tiene o no hace, y disimula lo que es, tiene o hace, lo uno remite a una presencia, lo otro a una ausencia.

La simulación es tan antigua como la humanidad, existió en toda época y en toda civilización, y su acentuación es inversamente proporcional a los métodos primitivos de lucha. A mayor reacción instintiva del psiquismo, corresponde siempre una mayor violencia, pero a una mayor cerebralidad interpuesta entre el excitante y la reacción, corresponden formas cada vez más elaboradas de fraude, es por lo tanto la simulación una forma de sublimación de la violencia.

Cada individuo, independientemente de raza, religión, clase, etc., está obligado así a imitar ideas, sentimientos, costumbres. Lógicamente que para lograr esto, no es necesario “Ser” como los demás, es suficiente “Parecer”, para ello se simula.

La educación nos impone y coloca en una “homocromía social” entre el individuo y las ideas de la sociedad, estableciendo un riguroso “mimetismo personal” con las costumbres, modos y hábitos en ella.

Vemos como las opiniones, maneras, usos, mímica, etc., van uniformándose. Por ello cada hombre está obligado a disimular todo lo que es individual y a simular todo lo que es común a la sociedad y no posee él mismo.

Vemos como se le exige al niño que entra en la vida social, que se esfuerce por intentar todo lo que se hace en su grupo de pertenencia, si el niño no puede realizarlo, se vuelca por simularlo, estableciendo esta actitud un rasgo de su personalidad en formación.

Esta imposición en el individuo se proyecta luego sobre la estructura social como formas de simulación general, comprendidas en el arsenal de las hipocresías y mentiras corrientes, convirtiéndose en convencionales y aceptadas como normas consentidas y toleradas.

Mediante ellas las personas ocultan sus sentimientos, ideas y concepciones propias de su existir, debajo de un disfraz permanente. Vemos una sociedad edificada en la ficción de las interrelaciones entre sus integrantes, y todo en pos de un supuesto interés colectivo. Cosa que en vez de fortalecer deja una intensa sensación de debilidad, y acrecienta la necesidad de engañarse recíprocamente estableciendo un círculo vicioso imposible de romper, pues atenaza el miedo a la desprotección, a la soledad y a la no pertenencia.

Por ello se hace necesario establecer convenciones de valores que se clasifican en “virtudes” y “vicios”, con el objeto de fijar los límites en la lucha por satisfacer las necesidades, estas “leyes de juego” terminan convirtiéndose en verdaderas ficciones tomadas por reales, que todos tratan de violarlas, simulando las virtudes y disimulando los vicios. El fraude se convierte en un instrumento de provecho en desmedro de los que obran con sinceridad.

En la política, en la economía, en el poder, en la justicia, en las profesiones, entre los sexos, la simulación va acrecentando las formas de vinculación. Los joyeros enchapan simulando oro, el carpintero reviste simulando madera, el tejedor mezcla fibras sintéticas simulando lana, el abogado simula vastos escritos en causas sumamente simples, el político simula en su oratoria el interés por sus representados, una nación simula su poderío sumando armas, los administradores simulan fatigosos desempeños, etc.

Simulando una gran importancia de la profesión, oficio o especialidad que se practica, se gana en mérito personal. Esto favorece a que verdaderas parodias sean necesarias seguir como rituales con pasos en extremo obsesivos, pero aceptados y consensuados como requisitos indispensables para la interrelación de los integrantes de un grupo o comunidad.

El niño llegado a la juventud es acosado por una legión que quiere imponerle opiniones, creencias, gustos, etc., que no le son propios; si se aviene a simularlos será caratulado de joven de éxito y buen porvenir, será un triunfador, es decir, un ser convencional cuyas apariencias están de acuerdo con la mentira organizada.

El éxito de la identidad prefabricada radica en que uno la diseña de acuerdo con lo que previsiblemente triunfa, lo que serían valores en alza………La moda pues, no es sino un diseño utilitarista de la propia personalidad, de la cual uno se convierte en empresario de su propia apariencia. La voluntad se ejerce solamente en forma de deseo dirigido a despertar la afectación de uno en el otro, ser sujeto en la mirada del otro.

Buscamos en esa imagen que damos, espejar una supuesta unidad donde podemos controlar la fragmentación a que nos somete el inconciente cuando este no es comprendido. Necesitamos crear un SER simulado que simulando nos deje afuera del drama existencial, ese simulado debe ser construido, es una construcción de proyecciones depuradas de identidad y emoción; esa “personalidad simuladora” implica: simular=similar, es decir que es un símil que se abstrae del compromiso o el comprometer “lo real de uno” en el universo relacional.

Referencias: Jean Baudrillard - José Ingenieros

Escrito por Aurora el 16 dAmerica/Chicago Mayo dAmerica/Chicago 2007 | Categoría: CALIDOSCOPIO


Deja tu comentario