Alquimia del desplazamiento
Por Ricardo Loebell
VÃa Visiones y magia

El viaje y la errancia parecen haber sido condiciones originarias del ser humano. Sin tener asiento fijo, se reproduce dicha dimensión arcaica que le permite al individuo orientarse desde otra identidad, sin desprenderse de su origen cósmico. De aquà surge una consciencia que no se adhiere a la propiedad material (cuyo peso significa estorbo en el desplazamiento), evitando asà la legitimación del poder sobre lo humano y la paulatina alienación de la (propia) naturaleza.
“Errar” es también divagar el pensamiento, la imaginación, la atención, es decir, dar inicio al momento creativo, que se decanta en su extrema focalización posteriormente en obra de arte. Más allá, errar, es tener la certeza del equÃvoco posible, readquiriendo la dimensión humana que inaugura el proceso de una ética autorrealización.
Toda cultura sedentaria desciende de algún pariente errático que se detuvo en su migración, habiendo quemado sus naves alguna vez en el pasado. Al “quemar naves”, se intensifica el compromiso vital que permite arrostrar las máximas de la (nueva) realidad.
El desplazamiento en barco es una alquimia entremundana. Algunos ven en la nave la representación simbólica del viaje a la vida futura. En el arribo a “tierras nuevas”, el navÃo encalla en la memoria del viajero. Memoria que se transforma en nostalgia cuando él inquiere en los mapas el vapor de su rumbo.
La experiencia del extrañamiento del forastero, se equipara a la del propio ciudadano surgido por una crisis de valores espirituales, como efecto de la modernización que afectaron la vida y el entorno urbano. Esta experiencia cotidiana es para algunos semejante a un desembarco.
En la tentativa de ‘curarse ante la obra del tiempo’ (M. Eliade), se crea un barco, que al estar varado en la frontera de la realidad, irrumpe en otro lado del deslinde, cuando zarpa en la imaginación. Esto ocurre en un ritual mÃtico que corresponde a la unión simbólica del agua y el fuego; representada aquà por una interacción dialéctica, en la que el visitante “quema sus naves” (por el reguero del papel en el sentido de su rumbo) recuperando, en la huella individual, su rumbo perdido.



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