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El cotilleo

Aurora Morera - 2001
Publicado en cuerpo-mente nº 85

cotilleo2 El cotilleo es un modo de comunicación social más frecuentemente practicado por el ser humano de lo que parece. Acusaciones, chismes, rumores acerca de otros… Si te paras atentamente a escuchar las conversaciones cotidianas, te sorprenderá lo habitual de su presencia.

Desde luego, reconocerse como cotilla no es fácil. De hecho, es una conducta moralmente inaceptada, que desde pequeñitos tendemos a delatar y rechazar en otros: ser “acusica”, “cotilla”, o “enredador” nunca estuvo bien visto.

ericamancomadresGeneralmente se asocia al chisme el objetivo de crear discordia, de indisponer a unas personas contra otras. Y, ciertamente, es una intención que frecuentemente acompaña al chismoso, explícita o secretamente. Sin embargo, más allá del propósito de quien lo practica, el cotilleo es una forma de comunicación “especial”, “secreta” y “privilegiada” que establece un cierto tipo de vínculos entre los actores. Generalmente se ponen en marcha reacciones emocionales intensas, alianzas y compromisos. Es como “adrenalina” en la comunicación. En cierto modo, no es extraño que lo usemos tanto.

Evidentemente, no todos los cotilleos producen el mismo efecto. La diferencia esencial radica en la intención de los participantes: Unos son aparentemente divertidos y otros claramente destructivos. Dependiendo de las circunstancias en que se dé, de la personalidad y el propósito de quien lo practica, y de la veracidad, falsedad o manipulación de la información, puede ser usado para cumplir múltiples y variadas funciones.

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*Hay ocasiones en las que cotillear es una forma divertida de contar un secreto, produciendo una emoción especial. No hay intención de hacer daño ni crear enfrentamientos, sino más bien de establecer vínculos y comunicaciones especiales entre los participantes.
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*Otras veces tiene una función seductora. Son las situaciones en las que usamos esa información “especial” que poseemos –o decimos poseer- de otras personas, para obtener cómplices, adeptos y admiradores.

*En otros momentos podemos recurrir a él para proyectar sentimientos no reconocidos, o para encubrir o ensalzar las propias conductas. Por ejemplo, podemos proyectar la envidia no reconocida que sentimos hacia una persona, manipulando la información que tenemos de ella y usándola en su contra.

*Y circunstancias en las que se usa con un propósito competitivo. En este caso se convierte en una especie de técnica de obtención de fama o poder, que pasa por intentar “quitar de en medio” a otros.
*Incluso pueden haber ocasiones en las que, lamentablemente, se llega a usar el chisme con un afán claramente destructivo, tal vez con la excusa de tener la razón, haber sido ofendidos o dañados, o cosas por el estilo.
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Todos hemos sido víctimas y ejecutores de chismes y rumores en diferentes circunstancias de nuestra vida. El ámbito profesional es, probablemente, uno de los lugares donde más sufrimos los perjuicios destructivos de este practicado “deporte”. Al fin y al cabo es donde pasamos, irremediablemente, buena parte de nuestra vida y donde establecemos muchas de nuestras relaciones. Algunas formas habituales de uso del cotilleo en el marco laboral son:

- Las reuniones “especiales” convocadas secretamente por pretendidos líderes, con el objetivo de reforzar su poder, donde se critican a otros miembros y se pasa información “privilegiada”.

- Las coaliciones de los subalternos en un escarnio más o menos aparente de los fallos de un jefe despistado.

- El desprestigio rumoreado de compañeros o los juegos para destruir la imagen de alguien que pretende mejorar y despierta envidia.

- La utilización manipulativa de otros a favor de la propia imagen: “tengo enamorado a un compañero de trabajo”; “al fin y al cabo su éxito me lo debe a mí”, etc.

En general, la consecuencia de estas desafortunadas estrategias es la división de los equipos y el enfrentamiento solapado de las personas. Se va tiñendo así el ambiente de una falsedad implícita, produciéndose, simultáneamente, dos tipos de comunicación: la oficial, en la que jugamos un rol aceptado de aparente colaboración y la extraoficial, en la que manipulamos y nos ensañamos con los que no están presentes.

La mayor parte de estos juegos deterioran la vida de los grupos y provocan situaciones muy desagradables, difíciles de deshacer. Si queremos escapar de sus destructivos efectos, vale la pena intentar detectarlos cuanto antes y no entrar en ellos ni aceptar sus reglas internas, aunque esto tenga que pasar a veces por renunciar a la complicidad y al vínculo.

No obstante, si decidimos entrar en el juego del cotilleo, tanto para divertirnos como con afán destructivo, conviene que seamos conscientes de dónde nos estamos metiendo.

Son populares los métodos usados por la psicología social para demostrar la escasa validez real de las noticias verbales: una información original suele atravesar múltiples variaciones, al pasar por los filtros de los diferentes comunicadores, hasta llegar a convertirse en una noticia que en muchas ocasiones nada tiene que ver con la original.

Por otra parte, muchos chismes están basados en rumores falsos o especialmente manipulados para la ocasión. Y, aunque esa noticia que desprestigia a otro fuera cierta, ¿Es posible juzgar correctamente algo que no estamos experimentando y de lo que sólo tenemos una parte, mediatizada e insignificante, de la información?

Así, un cotilleo, ¿no nos está hablando en realidad más del propio cotilla que de su víctima?

El arte del cotilleo puede ser un juego de comunicación social, o un acto manipulativo bastante dañino. Todo depende de la atención y la intención de los actores.

Imagen1: Juansobejano
Imagen2: Al borde de la cornisa
Imagen3: Neuronas asesinas

Escrito por admin el 15 dAmerica/Chicago Enero dAmerica/Chicago 2008 | Categoría: CALIDOSCOPIO


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